Los Kornschuh, una familia de buena leche

Desde los años de la década de 1910 la familia Kornschuh produce riqueza trabajando suelos diamantinos, en la zona de General Ramírez. Adán es el nombre del inmigrante que desembarcó desde Europa con el sueño de forjarse un destino y vaya si lo logró. Hoy, como paradoja de la vida misma, la cuarta generación de su sangre produce leche y quesos desde el tambo La Ilusión y siguen con la mirada puesta en concretar proyectos de cara al porvenir.

El tambero Julio Kornschuh contó: “La Ilusión nace entre los años 1910 y 1920, con Adán Kornschuh que llega como inmigrante ruso/alemán. Se radica en esta provincia, se casa con Eva Bierig y con su esfuerzo, y la ayuda de un tío generoso, adquieren las primeras hectáreas. Tienen cinco hijos y el segundo, mi padre, Julio, se encarga desde joven de la familia.

Acrecentó la explotación, arrancó el tambo y varios rubros más, como se estilaba en aquella época. Con Rosa Borgert, mi madre, tienen cinco hermanos y yo, el menor, me quedé en el establecimiento apuntando desde 1988 a la lechería. Con el tiempo sumamos valor agregado, fabricando quesos y desde 2010 incorporamos la cuarta generación que son mis tres hijos, Facundo, Martín y Julieta. Tengo la dicha que quieren seguir en el campo y con mi esposa, Silvia Heffel, son nuestro orgullo. Ahora estamos disfrutando del fruto del camino recorrido”.

El conjunto de frases y oraciones enhebradas por el productor se resumen en una sola: felicidad. Así de simple son las cosas cuando se concreta el objetivo. En más de un siglo no los alcanzaron a dañar eventos sociales como la migración por falta de oportunidades en el campo, tampoco la concentración que en el tambo impacta con la desaparición de familias productoras. Los Kornschuh han sabido ganar esas peleas y siguen ahí, firmes en la tierra donde todo empezó con el esfuerzo de Adán y que ellos multiplicaron con incontables transformaciones.

Julio complementó que su abuelo materno, Enrique Borgert, y su abuela, María Riffel, también inmigrantes del Volga, dieron vida a la herrería más grande de la ciudad de Ramírez, en su momento. YY apuntó que “en la construcción e este campo mi madre, Rosa, tuvo el rol clave de impulsarme hacia la profesionalización del tambo. Cuando era joven estuvo a mi lado para apoyarme en la actividad. La educación que nos dieron fue siempre orientada al trabajo y la producción y somos agradecidos de eso”.

En la actualidad el tambo funciona con 250 vacas raza Holando, de las cuales 220 están en ordeñe. El promedio anual es de 30 litros por animal y la totalidad de las materias primas ingresan a la industria instalada en el establecimiento.

El sistema productivo es semi tabulado, pastoreo de alfalfa y verdeo de invierno, con suplementación diseñada por un nutricionista. El manejo reproductivo se sostiene con inseminación artificial a cargo de un profesional que se ocupa de la fase reproductiva y se repasa con toros para obtener la mayor eficiencia.

Uno de los proyectos en marcha a partir de la cuarta generación es fruto del trabajo de Facundo, uno de los hijos de Julio. Se trata de una inversión destinada a criar los terneros bajo galpón. Cuenta el productor que, si bien arrancaron hace un año, hoy notan grandes cambios, como la reducción del 90% en el uso de antibióticos y la notable caída de la mortandad. Los terneros machos de recría salen con 200 kilos a los siete meses. Todo un logro.

Por: Daniel Aguilar / Campo en Acción – Publicado en www.campoenaccion.com

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