En muchos sistemas ganaderos aún persiste la idea de que una vaca preñada, una vez destetado el ternero, puede sostenerse con alimentos de baja calidad debido a una supuesta caída significativa de sus requerimientos nutricionales. Sin embargo, un informe técnico del doctor en Ciencias Veterinarias y especialista en nutrición animal, Aníbal Fernández Mayer, advierte que esta práctica es “parcialmente correcta” y puede derivar en pérdidas productivas y reproductivas.
“El consumo de materia seca se reduce entre un 35% y un 43% luego del destete, pero la concentración de proteína y energía en la dieta cae apenas entre un 8% y un 11%”, señala el trabajo, basado en datos del NRC (2015). Es decir, aunque la vaca necesita comer menos volumen, la calidad del alimento debe mantenerse relativamente alta.
El documento desarma otro supuesto habitual: que una vaca puede perder entre el 15% y el 20% de su peso vivo durante el segundo tercio de la gestación sin consecuencias. “Esto no es correcto”, afirma el autor, y advierte que esa pérdida impacta negativamente en parámetros productivos y reproductivos.
Impacto directo sobre el ternero
Uno de los puntos centrales del informe es el efecto de la nutrición materna sobre el desarrollo fetal. Según detalla, durante la gestación se define el número de fibras musculares y células grasas del futuro ternero, variables que no aumentan después del nacimiento.
“Entre el segundo y el octavo mes de gestación se forman la mayoría de las fibras musculares”, indica el documento, mientras que las células grasas se desarrollan hacia la mitad del período gestacional. Por eso, una alimentación deficiente en esta etapa compromete el potencial productivo del animal.
Ensayos realizados en INTA Balcarce mostraron que una restricción nutricional inadecuada en vacas gestantes puede reducir el peso del ternero al nacer entre un 5% y un 15%. Esa brecha se amplía con el tiempo: “puede haber diferencias de 15 a 25 kilos al destete y de 30 a 40 kilos en la terminación”, precisa el informe.
Consecuencias productivas y reproductivas
Además del menor peso de los terneros, una dieta deficiente en vacas preñadas puede generar múltiples complicaciones: partos distócicos, mortandad neonatal, menor producción de leche y retrasos en el reinicio del ciclo reproductivo.
El trabajo también advierte sobre una práctica extendida en el manejo de rodeos: enviar las vacas “al fondo del campo” a consumir rastrojos o forrajes de baja calidad tras el destete. Según Fernández Mayer, estos recursos “no cubren ni el 50% de los requerimientos proteicos y energéticos” de una vaca gestante.
Un error que impacta en la rentabilidad
El informe concluye que este manejo, basado en una interpretación incorrecta de los requerimientos nutricionales, termina afectando la eficiencia del sistema. “Este error se paga más tarde con el peso al nacimiento, al destete y el peso final del animal terminado”, advierte.
En este sentido, el especialista remarca la importancia de sostener dietas con adecuado nivel proteico y energético durante toda la gestación, especialmente en el segundo y último tercio, etapas clave para el desarrollo fetal.













