Monitorear bien y tomar decisiones son la clave en el manejo de la transición

En el marco del octavo ciclo “La vaca alrededor de la ubre: Tecnologías de la Información”, organizado por la Asociación Pro Calidad de Leche (Aprocal) el médico veterinario Gonzalo Busso disertó sobre el correcto manejo de la vaca en transición.

La transición es un concepto que se ha utilizado mucho en los últimos tiempos en la lechería y referencia al período de mayor intensidad en los cambios hormonales, metabólicos, inmunológicos y fisiológicos de la vaca de tambo. Encierra varios momentos trascendentes:

– Gestación avanzada (crecimiento fetal)

– Producción de calostro

– Parto

– Comienzo de la lactancia

Es, por otro lado, el momento donde ocurren la mayor parte de las enfermedades y el descarte, y episodios que, en muchos casos tendrán influencia en el resto de la lactancia.

El período de transición tiene algunos aspectos claves que se pueden resumir en:

– Aumento de la demanda de glucosa por el útero y la glándula mamaria.

– Cambios hormonales importantes

– Cambios en los niveles de ingesta

– Aumento de la demanda de calcio al parto

– Inmunosupresión

Y ante este escenario desafiante, ¿cómo se adapta la vaca a esto?

Los tejidos periféricos ahorran glucosa para ser utilizada en el útero y se verifica un aumento de la glucogénesis del hígado- hay además un incremento de la movilización de grasa y proteínas.

En síntesis, la tarea principal de quien maneja un rodeo de vacas en estas condiciones deberá darse en tres planos:

a) Balance energético

b) Hipocalcemia clínica y subclínica

c) Inmunosupresión

Demandas energéticas

Hay que manejar con equilibrio las demandas energéticas, hay pérdida de grasa y acumulación de grasa en el hígado. Todos se potencian cuando los registros están mal y cuando se mejoran algunos parámetros empujan mejoras en otros, por ello hay que ayudar a que la vaca maneje todos estos cambios que se producen en la transición.

Los estudios indican que al 5to día luego del parto se detectó metritis pero las estadísticas mostraban que en los 10 días previos al parto la vaca estaba comiendo por debajo del promedio. Por cada 10 minutos menos comiendo es 1,71% más probable la presencia de metritis. Y por cada kilo menos de materia seca crece por 3 la posibilidad de que aparezca esta enfermedad.

Hipocalcemia

Todas las vacas reducen el calcio y muchas de ellas lo hacen a un nivel crítico. Alrededor de 8 y ½ mg/dl tienen posibilidades de mestritis y en este caso deberemos ver en cuántos días se recuperan pues de otro modo podrían acarrear otros problemas. Con hipocalcemia, baja la rumia y el consumo de materia seca.

Una vaca durante el parto solamente para producir leche requiere un 30/35% de calcio y ese requerimiento baja el nivel de calcio. Por ello se producen cambios hormonales y se toman de huesos e intestinos y es por ello que hay que asistirla, y los registros indican que será más frecuente en vacas con varios servicios.

Prevención de la “vaca caída”

Lo primero es evitar confeccionar dietas con forrajes altos en K. Si esto no se puede lograr habrá que agregar aniones (Cloro o sulfatos) para reducir pH en sangre y orina y de ese modo reducir la respuesta del aparato hormonal.

Otro consejo es elevar la presencia de magnesio en dietas de pre parto y frescas. Para cerrar este manojo de conceptos, Gonzalo Busso fue enfático en sugerir el incremento de la participación de materia seca en la dieta.

El especialista hizo referencia a una práctica muy extendida: el agregado de sales aniónicas se redujo porque tenían un sabor que promovía el rechazo al consumo de alimento en las vacas. “Pero ahora –aclaró- vienen sales con otra percepción gustativa pues contienen melazas que se aprecian más agradables”, apuntó.

Otro de los temas apuntados por el especialista refiere al nivel de acidificación y recordó que lo ideal es situarse entre 5,5 y 6 “y de ese modo, tanto veterinarios y nutricionistas estaban muy satisfechos”, contó.

Eso señala la tradición, pero a esta experiencia, Busso propuso ir un poquito más arriba en acidificación, para establecerlo entre 5,8 y 6,2 pues se tiene beneficios en animales frescos. “Ahora, puede pasar que con un nivel más alto de acidificación se nos comiencen a caer las vacas”, trasparentó el investigador y contó que está haciendo algunas experiencias en este sentido.

Inmunosupresión

La principal razón reside en el bajo consumo de materia seca, hipocalcemia y la hipomagnesemia donde se muestra una menor actividad de los neutrófilos, mayor tendencia a retención de placenta, mestritis.

La deficiencia de selenio y de vitamina E son otros de los aspectos subrayados por Gonzalo Busso. “No son baratos y muchas veces se desconoce la composición de un producto determinado”, dejó flotando.

El último aporte en el combate a la inmunosupresión tiene que ver con el manejo y refiere al confort de los animales, higiene, temperatura ambiente, conservación de silos (no solo por micotoxinas, sino por presencia de ácido butírico, muchas veces más dañoso que las anteriores), evitar la competencia por alimento y espacio para todas, sugirió el especialista en la 8va de Aprocal.

Una buena lactancia cuando comienza la transición, ¿cómo?

Bueno, aquí hay varias cositas para hacer. En primer lugar Busso recomienda utilizar alimentos de buena calidad, que el alimento balanceado sea precisamente eso: balanceado. Hay que tener en cuenta que una dieta bien diseñada favorece el consumo de materia seca.

Otra cuestión importante y no solo para la vaquita en transición es construir un medioambiente amigable, que nos ayude a evitar el estrés y en muchos casos la pérdida de peso.

Busso hizo hincapié en un elemento recurrente en la estrategia de menguar las tensiones en el tambo: que haya espacio para cada individuo, que sea confortable.

En el mismo sentido aconsejó eliminar agentes estresantes, rodeos mezclados, largas paradas y distancias al tambo, entre otros tópicos. Y prestar atención al reloteo de los animales, y para ello se debe adjudicar una identificación temprana y dar un tratamiento adecuado a los desórdenes que pudieran producirse.

El especialista propuso a su vez considerar el uso de aditivos alimentarios (colina, meteonina, cromio, monensina).

No hacer nada es muy costoso

Por Osvaldo iachetta / Redacción TodoLechería

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