Ucacha: La muerte de un joven productor impacta en la comunidad

Las redes sociales se inundaron de mensajes de dolor y pesadumbre despidiendo a Gaspar Bainotti, un joven productor lechero que recogió el legado familiar y estaba transformando persistentemente su sistema de producción de la mano de la eficiencia y el asociativismo.

A fines de 2020 a Gaspar Bainotti se le detectó un hematoma subdural, entre el cráneo y el cerebro, y tuvo que ser internado en el Policlínico Privado San Lucas en Río Cuarto. Venía mejorando, y pudo ser operado, y tras la intervención quirúrgica le venían sacando día a día la sedación y el entubado, pero el 3 de enero se descompensó, y falleció.

Esa es la crónica dura, dolorosa del fallecimiento de uno de los más productores lecheros más promisorios de la zona de Ucacha, un joven muy emprendedor, muy activo y muy querido.

Gaspar era hijo de Susy Distasi y Jorge Bainotti, y nieto de don Gaspar Bainotti un productor histórico de Ucacha (en el centro sur de la provincia de Córdoba). Según comentaba Gaspar, su abuelo, “era un  viejo que sabía ver debajo del  agua” por decir que era gente adelantada a los demás en los negocios del campo, para su época.

A pedido de TodoLechería, Sergio Chávez, un referente de la industria láctea de la zona de Ucacha trazó un perfil para que conociéramos a este joven brillante, cuya absurda y prematura muerte lo sorprendió en medio de un cúmulo de proyectos: “Gaspar cursó la carrera de Ingeniería Agronómica en la UNVM, carrera que faltándole poco para terminarla la fue dejando un poco de lado, para dedicarse a la producción lechera. Logró en estos últimos años, importantes avances en el establecimiento de la familia, con una muy buena calidad de leche. Realizaba por lo general 3 ordeños y en otras ocasiones 2 ordeños, y se mantuvo durante el último año debajo de la 100 mil células somáticas y de las 50 mil UFC. En sus deseos más íntimos pensaba llegar algún día a tener robots de ordeño en el campo”.

Apunta Chávez – un agrónomo especializado en industria lechera que tiene un enorme rodaje en el sector- que “se preocupaba tanto por la calidad de leche, que llegó a comprar junto con la fábrica Ucalac, de la que era socio, los test de antibióticos, para chequear las  vacas, antes de liberarlas, después de paridas. También es muy destacada su recría y el manejo de la guachera, lo que le hacía prever para esta año, 2021, trepar a valores cercanos a los 10 mil litros de leche. Contaba con 2 años de uso de semen sexado lo que le permitiría alcanzar sus objetivos de producción. Era un entusiasta del campo donde se lo podía encontrar todos los días incluidos sábados y domingo”.

En la foto, en el centro Gaspar Bainotti, y a su izquierda (con remera verde con rayas horizontales) Sergio Chávez

En la vida social, supo cosechar innumerable cantidad de amigos, de buen genio y amante del básquet, disciplina que practicaba y jugaba en el Club Atenas de Ucacha, participando de competencias regionales de la especialidad.  

En el año 2015 un grupo de productores, que se encontraban en las cercanías dela planta láctea Esnaola, que se había cesado en sus actividad, decidieron unirse y desarrollarla como empresa, para procesar su propia leche, es así como Gaspar Bainotti pasa a formar una sociedad con Hernán y Gastón Barufaldi, Augusto Tamagnini, Gabriel, Matías y Lucas Oviedo, y Lucas Lovay.

Este grupo impuso a sí mismo, la  adecuación de las instalaciones, la calidad de los productos y los objetivos de venta, con la participación de todos, cada uno aportando lo suyo, y Gaspar al igual que los demás, no dudó de poner máquinas y equipos propios para cumplir los objetivos. “Con el mismo entusiasmo que actuaba en su campo, lo hacía en la fábrica”, destaca Chavez y añade: “Tenía gran interés por la tecnología, lo que lo llevó a participar en ferias, acompañar en los concursos de quesos, promociones y eventos. Nos alegraba, cuando venía con su hijo a la fábrica, dado que el niño, era tan curioso como Gaspar”.

A Chávez se le anuda la garganta cuando relata el final: “Su partida nos dejó una sensación inmensa de vacío. Tenemos una enorme desazón por no encontrarnos cada día con ese muchacho treintañero, con su buen humor permanente, con sus ganas de servir. Recuerdo que hasta le hacía la comida a la gente que hacia servicio de caldera los fines de semana. Recordaré a Gaspar con sus ganas de aprender, de ser curioso de las cosas de la leche, siempre”.

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