Una buena alimentación paga en productividad y arropa del frío

El doctor Tom Tylutki es especialista en nutrición y alimentación animal y tiene más de 150 publicaciones sobre el tema. Además, es socio en un tambo en Nueva York (USA), y con él recorremos ese tambo y comparte algunos tips.

Las vacas nos hablan con gestos y comportamientos

En este encuentro del webinar, organizado por IFINA, el experto Tom Tylutki visita un tambo muy cerca de Nueva York a una altura del año donde nieva copiosamente en esta región del planeta. Este es un desafío de la naturaleza que los tamberos argentinos no tienen pero es un lindo ejercicio de reflexión pensar sobre las condiciones que rodean a la lechería en diferentes regiones del mundo. En estas condiciones los galpones son esenciales. En el primer establo hay 120 camas del plantel que integra el rodeo.

Por un criterio de reserva en cada tambo no se hablan de cantidad de litros pero sí de la calidad de la leche. “Lo mismo ocurre cuando hablamos de condición corporal, es sabido que es un ítem muy variable la grasa en el score total de la vaca y por ello no nos detendremos demasiado en ello”, dice el especialista.

“En ese primer galpón hay vacas en primera lactancia y otras más maduras. Las vacas están bastante limpias, solo se observa algún exceso de grasa cerca de la cola, algunas caminan con dificultad pero puede ser que atraviesen un posparto, en fin un escenario de buena estructura”, señala Tylutki.

Es notable la conducta amigable y de curiosidad que muestran las vacas ante la presencia de este visitante. Tylutki infiere que están muy saludables pues las vacas con acidosis u otra dolencia buscan estar solas.

Se nota condiciones muy uniformes en las vacas, las camas están mullidas, secas y limpias. Solo en la calle de tránsito observa líquidos y muchas deposiciones.

En el galpón siguiente hay vacas que transitan la cuarta y más lactancias y se mantienen en este sitio hasta el secado. En las vacas de este rodeo se observan una mayor competencia y agresividad cuando se ingresa al comedero y muestran ojos vivaces, curiosos, amigables.

“De la rumia no puedo decir mucho pues para hacer un buen trabajo hay que ser sistemático en la observación respecto a los horarios y momentos. Las observaciones deben ser regulares para una buena evaluación”, propone.

Se ve bien su locomoción, no se observan problemas serios en las patas. En general hay un clima de sosiego y espera para ingresar al turno de ordeño.

En en este segundo galpón se aprecia que los bebederos no tienen la profundidad que debieran y el agua no está limpia.

Una visita a la cuestión determinante: el comedero

Tom Tylutki cuenta que es en este sector donde más pueden apreciarse el modo y las estrategias de un tambo y tiene que ver con la cantidad, calidad y comportamiento a la hora de la comida.

En este momento hay que detenerse para ver a las vacas comer, recorrerlas, observar los modos de comportamiento. Hay ambiente de satisfacción, hay tranquilidad, se trata de un galpón de vacas que transita una etapa antes de pasar al galpón de espera que precede al momento de ordeño.

-¡En qué pongo la mirada?, pues en primer lugar en el tamaño de picado de la dieta, y observo cómo la vaca se comporta ante este diseño- apunta el profesional y precisa: “Muchas veces nuestro análisis respecto al TMR tiene que ver con echar una mirada al mezclado y con ello nos referimos al tiempo de proceso en el mixer, la composición, la participación de la materia seca en la dieta y otros tópicos”, consigna.

También se pone énfasis en los alimentadores y por supuesto en la selección que hace la vaca al momento de su consumo.

“Vemos que hay algunos problemas de selección y si miramos cada animal vemos que hay vacas que tiran la comida hacia arriba o resopla o se mueve mucho para conseguir lo que quiere. Esto no es bueno pero lo esperaba”, comparte Tylutki.

“Actualmente el maíz es la mitad del silaje que ofrecemos. La base seca es de 26 libras de base y es la más alta que hemos ofrecido pero lo hemos hecho por cuestiones de clima y la mitad es de 2019 y la otra mitad es de 2020, con MS del 63% y casi no agregamos agua. Tenemos partículas largas de hoja y caña y los granos están bien procesados. La picadora es nueva y el mixer está bien procesado”, transparenta.

“Las heces tienen algo de maíz que pasa y probablemente deberíamos agregar más humedad pero ya lo veremos. Creo que hemos sido bastante más exitosos. Observamos también que las vacas buscan más humedad y esto tiene que ver con que hemos tenido algunas heladas y sequías, y eso contribuyó a que sea menos húmedo el material. Este tramo del proceso de alimentación es uno de los centrales en el tambo”, dice Tylutki.

El siguiente corral es un galpón con seis filas y reúne a vacas en primer parto y se observa allí un plantel parejo, con vacas de estructura pareja, buena composición sin excedentes de grasa, según describe el investigador neoyorquino.

La MS en la composición de la dieta es el elemento central de este patio de comidas y parece que su composición tiene un grado de aceptación mayor que en el tinglado anterior.

“Advierto aquí que hay restos de alimentación del día anterior y no ha sido recogido, y esto no es bueno. Piensen que no deben abandonarse los protocolos de manejo en el tambo, y la alimentación es uno de los más importantes”, recomienda el especialista.

En la siguiente foto se advierte que hay comida que fue dejada de lado por las vacas y se trata de silo de maíz en cortes muy largos.

“De todos modos no estoy muy preocupado por esto pues la leche tiene un 4% promedio de grasa y me parece un registro muy aceptable. Conocemos las razones y pronto ya lo habremos consumido. Hemos evaluado la incorporación de sueros, melazas u otro elemento pero decidimos que no. El suero requiere tanques y aquí el clima no lo permite en muchos meses del año y la melaza es cara, bastante más cara que el maíz”, justificó Tylutki.

Las patas se miran siempre y se les pasa tres veces por semana formaldehído.

El último establo tiene ejemplares mezclados. Las hay de un porte cargado de grasa, otras por debajo del peso ideal, con una marca las preñadas. “En este galpón las vacas me preocupan un poco más y creo también que una buena parte de los problemas está en un silaje de una calidad por debajo de los estándares que hemos planeado”, señala el especialista, quien al final dice que está preocupado pero no tanto pues están haciendo todo lo pertinente para mejorar y hacer más homogéneo el porte de las vacas que comparten este tinglado. Hace mucho frío y el vapor que exhalan “las chicas” al respirar así lo atestigüan.

Los terneros

Para los lectores de TodoLecheria, queremos que imaginen el escenario nevado que nos ofrece la granja que estamos recorriendo. Hay mucha nieve y hace mucho frío.

Mark Tylutki describe que el ambiente está tranquilo y la ternerada está satisfecha y tranquila. Es media mañana y ya se le ha asignado su comida.

“Estos terneros tienen unos 10 días de vida y aún no han terminado la ingesta de concentrado y leche. No hay berreos ni están reclamando nada. El ambiente está muy tranquilo. Miremos ahora las casillas y veremos que sobre el techo hay mucha nieve pero apenas oyen ruido las terneras salen a recibirnos”, narra el especialista.

Tylutki confiesa que si esta recorrida hubiera sido tres semanas antes el panorama era bien diferente: había muchas pérdidas de terneras y por ello la manager a cargo fue desplazada.

“Quiero recomendarles que recorran, vean, analicen los detalles, observen registros, pues la forma de supervisar la faena a través de “mirar los detalles”, y muchas veces para un ojo avizor los pequeños detalles nos dan cuenta de cosas importantes”, aconseja.

Tylutki ingresa en la oficina y mira el tacho de residuos y observa los despojos de los envases de fármacos utilizados, y cuenta: “Miro el libro de stock de productos, veo cuánto y cómo se administran los insumos, y si tengo dudas voy a ver al administrador y le pido explicaciones”.

En este punto, el especialista comparte que “en muchos casos los médicos veterinarios clínicos están absorbidos en el “día a día” y pierden de vista el enfoque sistémico del problema, es allí donde la resolución de problemas puntuales requieren una visión más general.

“Ahora quiero compartir con ustedes algunos registros de los asientos de las planillas. Vemos que en febrero tenemos 777 vacas en ordeño y 105 vacas secas, algunas de ellas son vaquillonas que están por parir. El intervalo entre partos es de  372 días, y eso está bien. Edad de primer parto es de 21 meses y eso está bien. Y aquí hay un dato en el que me detengo: 6 vacas salieron del rodeo, y quiero saber más”, señala Tylutki.

El informe señala que murieron 6 vacas y a veces el informe no tiene toda la información y es allí donde se debe profundizar. Dos de mastitis, 4 de aborto.

Además, el especialista recomienda poner foco en las vacas que se venden y por qué razón dejan el rodeo y aquí aparece nuevamente un par de casos de vacas que “no comen” y esto Tylutki lo relaciona con la calidad de las reservas que tuvieron el año pasado pero cuenta que a pesar de la pérdida de “un par de libras” los parámetros de la composición han mejorado.

Ahora en otra planilla repasa la edad del primer parto y va de los 21 a los 25 meses y por supuesto se expone allí la cantidad de vacas que lo hicieron en cada etapa y su producción.

Se observa que el promedio para la primera lactancia se sitúa entre las 84 y 88 libras en vaquillonas de primera lactancia.

Tylutki se reconoce como un tambero visual y por ello le gusta más ver gráficos que números y esas nubes de puntos que imprime la máquina le permiten seguir pensando cómo mejorar la eficiencia de su tambo.

Osvaldo iachetta / Redacción TodoLechería

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